Fundamento de las Sefirot | 13. Devoción

בס”ד

En la entrega anterior:

Para rechazar uno necesita más inteligencia. Si sabes lo que hay que rechazar, entonces todo lo demás está automáticamente allí para acercarlo. De forma innata se trata de acercar a todo, pero tienes que estar percatado y atento de aquellas cosas que pueden perjudicarte. Por eso, primero debes tener idea de lo que debes rechazar y luego aplicar tu innato poder de atracción.

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Como dupla, la terminología correcta para la benevolencia y el rigor es más o menos obvia, ya que está basada en el dicho de los sabios. El que sigue es algo más sutil. En hebreo, el fundamento de la belleza es el poder de la devoción o התמסרות , hitmasrut .

Es dificultoso encontrar la palabra correcta para esto en castellano, pero en yídish es bien conocida: ibergueguebenkeit, que significa “entregarse o brindarse a alguien”.

La devoción tiene muchas connotaciones religiosas, que nosotros no tenemos la intención de emplear. Sin embargo, queremos resaltar el aspecto de empatía o compasión de la devoción, por ejemplo, uno puede ser devoto a alguien porque siente empatía y compasión por él. O devoto a HaShem, no como un estado místico, sino como un compromiso de hacer Su voluntad. En las religiones creadas por los hombres, donde no existen preceptos de HaShem, ser religiosamente devoto es algo sin significado. Pero si hay algo que hacer porque alguien nos necesita (uno de los secretos de la contracción inicial de la Luz Infinita de HaShem es que la hizo, como si fuera, por necesitar nuestro servicio en el cumplimiento de Sus mandamientos), nos permite consagrarnos a ellos.

Obsérvese que antes utilizamos la palabra devoción para describir la experiencia interior de la sefiráh de fundamento.

Aquí estamos utilizando la misma palabra (por falta de una palabra mejor en castellano, el término en hebreo que expresa el concepto de devoción es hitmasrut, allí también estaba la palabra emet) para describir el fundamento (el punto de contacto con la realidad) de la sefiráh de belleza. Antes se refería al impulso inmediato y vital por la autorrealización (el ejemplo más importante de lo cual es el casamiento y dar a luz), aquí significa entregarse al otro y ocuparse de sus necesidades (incluso al punto de olvidar o descuidar las nuestras).

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