Del Rav | Para Qué Rezar

בס”ד

Bat Sheva oró para que su hijo Shlomó fuera sabio y apto para la profecía. Las otras esposas de David oraron para que sus hijos fueran dignos para reinar.

El Rey Shlomóh comienza el último capítulo de los Proverbios con la exhortación que le hizo su madre cuando él era joven.

Comienza diciéndole “¿Qué, hijo mío? ¿Y qué, hijo de mi vientre? ¿Y qué, hijo de mis promesas?”

El siguiente verso “No le des tu vigor a las mujeres…” ya lo hemos discutimos anteriormente.

Ella comienza con tres preguntas, ¿qué? ¿y qué? ¿y qué?

  • ¿Qué te has hecho a ti mismo, a tu alma (investida en tu cuerpo)?
  • ¿Qué le has hecho al origen de tu alma (tu alma investida en el vientre de tu madre, tu alma-raíz en lo alto)?
  • ¿Qué le has hecho a D-os, a quien tu madre ha prometido?

Rashí explica que Bat Sheva dijo estas palabras de reprimenda a su hijo Shlomóh el día de la inauguración del Templo que había construido a D-os (cumpliendo así el deseo más profundo de su padre David, quien no tuvo el mérito de construir el Templo en Yerushaláyim). Ese mismo día él pecó al casarse con la hija del Faraón, que lo llevó a descuidar el servicio del Templo en su primer día (por lo que D-os decretó que el Templo sería destruido).

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Biblioteca | El Misterio del Matrimonio

בס”ד

Estimad@s amig@s de nuestro blog,

Nos complace estrenar una nueva sección, en la que puntualmente presentaremos y comentaremos algunos de los muchos libros escritos por el rav Ginsburgh. Empezaremos con los que están traducidos y disponibles en castellano, y eventualmente podríamos incluir libros publicados en otros idiomas (inglés o hebreo, por ejemplo).

Igualmente, hay muchos libros inspirados en la sabiduría del rav, que también creemos oportuno presentaros más adelante.

Disfrutad de la lectura, tanto de nuestro artículo sobre el libro, como de –mejor aún– el libro en sí 😉

bShalom,
Equipo OrEinSof.com

El Misterio del Matrimonio

Amor y felicidad según la Kabaláh

Tal vez no exista en nuestro mundo nada que haya fracasado tanto y de modo tan estrepitoso como el amor y el matrimonio.

Nada tan doloroso, nada tan angustiante. Y si bien la mayoría de personas quieren y necesitan amar y ser amadas, el número de parejas que se divorcian asciende de modo vertiginoso.

¿Puede este proceso revertirse? ¿Cabe suponer que los jóvenes se atrevan a seguir tomando semejante riesgo?

Basado en la sabiduría  de la Kabaláh, nuestro sabio rabino Yitzjak Ginsburgh nos otorga las herramientas espirituales que permiten distinguir a nuestra pareja verdadera, desentraña el sentido y la validez del amor a primera vista y, más que nada, se refiere a la raíz de unión entre dos almas, al origen de la atracción, a los conceptos de lo Masculino y lo Femenino, y nos abre el camino que debemos recorrer si aún no hemos perdido por completo la esperanza de amar y ser amados.

El Misterio del Matrimonio propone una perspectiva única y renovadora a una sociedad cansada de repetir y sufrir sus propios errores.

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Amor | El Corazón que Nunca Duerme (3)

בס”ד

En el capítulo anterior:

El alma siente pulsaciones en dos niveles: un nivel interior del “latido del corazón” y uno externo en la “muñeca”. La primera sensación corresponde a la revelación de Di-s Mismo al judío en la forma de Toráh y mitzvot.

Si nos lees por primera vez y quieres recuperar los dos capítulos anteriores, pincha aquí.

“Mi Hermana”

El amor entre hermano y hermana difiere del amor entre marido y mujer en tres aspectos. A diferencia del amor marital, el amor fraternal no depende de la proximidad física. Es relativamente constante, mientras que la intensidad del amor marital es fluctuante. El amor fraternal es frío, falto de pasión, mientras que el marital es fogoso y apasionado. El origen de esta distinción es que el amor fraterno es instintivo y natural, requiriendo sólo el incentivo de la memoria, mientras que el marital es una experiencia de acercamiento continuamente renovado.

La primera etapa en la relación del alma con Di-s es comparada al del amor de hermano y hermana, un amor que tiene las ventajas de ser instintivo, natural y presente constantemente. No es una pasión abrasadora ni un deseo apasionado por incluirse dentro de la unidad Divina; no obstante, el judío debe alcanzar primero este nivel de conciencia en su “despertar desde abajo”.

Esta etapa no es fluctuante y no requiere ningún estado adicional de conciencia a nuestra identidad judía simple y eterna. Es un instinto hereditario poseído por todo judío, transmitido a nosotros por nuestros patriarcas Avraham, Yitzjak y Yaakov. Puede expresarse a la distancia y no depende de profundas experiencias religiosas que no están presentes usualmente en las primeras etapas del servicio a Di-s.

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