El secreto dela luz y del calor. segunda parte | Fiesta de Januká

B”H

Shalóm a tod@s

Entonces, a cabo de los ocho días del milagro, la “fiesta más querida de todas las fiestas” ha llegado a su fin. Además de ser tan linda, es la fiesta más larga de todas, pero en el último día, al ver las ocho velas encendidas, desearia que dure un poquito mas.

Ver la janukiá con todas las velas se siente algo diferente. ¿Acaso es todo lo que hay? ¿Donde estara la luz mañana? Al final las luces físicas se apagan, y pedimos tener esta luz espiritual dentro de nosotros.

Os compartimos la la segunda parte de la enseñanza del Rav. (La primera parte es accesible por aqui).

LUZ Y CALOR – OJOS Y CORAZÓN

Hay otro fenómeno escrito en la Torá, que el fuego tiene luz y calor. Está escrito que Jánuca es una festividad de luz y también de calor. La luz se relaciona con los ojos, como toda observación y visión, toda novedad, se relacionan con los ojos. El calor en cambio se relaciona con el corazón. El Baal Shem Tov amaba especialmente Jánuca por sobre las demás festividades. Amaba mucho la luz, y también el calor del corazón. Antes de revelarse, de hacerse conocido, acostumbraba recorrer los pueblos de Ucrania, y allí a todo judío, en especial a los niños, le ponía la mano en el corazón y lo bendecía que sea un judío cálido, en idish zol zain a vorme id .

Vela mano Palm

¿Qué es el calor? Es amor, amor cálido a todo judío, y en esencia a toda la creación. El Baal Shem Tov nos enseñó que si Hashem creó algo es porque lo ama, y si Él lo ama también nosotros debemos hacerlo. Comenzando por nuestro pueblo de Israel, porque está escrito debes amarlo verdaderamente “como a ti mismo”. Y fuera de nosotros, hay que amar a toda criatura, todo lo que Hashem creó en el mundo, porque todo lo creó con una finalidad, para que Él pueda morar en este mundo inferior, con nosotros en todo nuestro mundo. Amor es calor.

Entonces, está escrito que Jánuca es en esencia dos cosas, luz y calor. Por supuesto que ambos van juntos, si hay luz hay calor y si hay calor hay dentro suyo y detrás energía, luz, radiación, rayos de luz. Pero, nuevamente, la luz se revela en los ojos y el calor en el corazón. También en el pueblo de Israel están los “ojos de la congregación”, los sabios, aquellos que enseñan la Torá, son nuestros ojos. Tenemos que conectarnos con los ojos. Quién quiere ver luz, y más todavía irradiar luz, difundir la luz, tiene que tener ojos buenos y sanos, entonces hay que conectarse con los ojos de la congregación, que son los justos de la generación.

En la festividad de Jánuca encendemos 36 velas. En la primera noche una, en la segunda dos, hasta ocho. Si sumamos a todas desde uno hasta ocho, suman ?? , 36. Está escrito que hay 36 tzadikim en cada generación. Cada vela es un tzadik, un ojo de los ojos de la congregación, porque está escrito que los 36 tzadikim son los que ven, reciben a la Shejiná, la Presencia Divina, cada día. Es decir que la principal revelación de Divinidad de ellos es en sus ojos. Cuando miramos las velas, que está prohibido hacer uso de ellas, salvo observarlas, nos conectamos con los ojos, los ojos de la congregación, a los sabios. Pero el calor pertenece al corazón.

¿Quién es el corazón? El rey del pueblo de Israel. Así como todos los miembros del cuerpo dependen del corazón, y él distribuye la vitalidad, el espíritu de vida que hay en la sangre, a todos los órganos del cuerpo, también es así con los hijos de Israel. El corazón es el rey. Está escrito en el Libro del Cúsari que también el pueblo mismo de Israel es el corazón en relación a la humanidad, el corazón que late es el Pueblo de Israel.

Dentro del pueblo de Israel también hay un corazón, el rey David. Entonces, esta festividad es la conexión con los ojos, la luz, y con el rey, y también tenemos que rezar que podamos tener un rey verdadero, justo, como el rey David, que es el corazón de todo Israel.

Dentro del milagro de Jánuca hubo dos milagros: primero que todo el milagro de la victoria en la guerra, cuando los Jashmonaim eran sólo unos pocos y Hashem entregó a los muchos en manos de los pocos. Nosotros éramos nada y ellos un tremendo ejército griego, de cientos de miles de soldados. Y contra frente a semejante armada se levantaron unos cuantos judíos y esos pocos vencieron a los muchos; el milagro más grande que se pueda imaginar en la mente. Luego hubo el milagro que hizo Dios, que encontraran una vasija de aceite de oliva refinado y puro que había quedado, donde había aceite suficiente para encender el candelabro del Templo sólo una noche (hay quien dice que menos de un día), y alcanzó para ocho días, de una manera completamente milagrosa.

Está claro que el milagro de la vasija de aceite lo hizo Dios mismo; es la luz, los ojos, la conexión con los sabios, los “ojos de la congregación”. Pero el milagro de la victoria fue un heroísmo de los pocos, de los Macabeos-Jashmonaim. Esta victoria también es un milagro que hizo Dios, porque nosotros por sí mismos no tenemos heroísmo –está escrito que el judío por sí mismo no es el más valiente, y sólo Dios le confiere esa valentía- pero Hashem le da la valentía al judío, es decir que este regalo de Hashem se inviste dentro suyo. Entonces, también es así en cuanto a la luz y el calor del que nombramos. El calor del corazón, para poder calentarnos en la festividad, viene de la valentía de los macabeos.

Para calentarse, ser un judío cálido con mucho amor y capacidad para abrazar a todo el mundo con amor de Dios, (“Y Su derecha me abrazará ”) –es decir, revelar cuánto Dios ama a todo el mundo, y así Su “naturaleza de bondad de hacer al bien”, y que desea para todos lo mejor en todos los asuntos– se necesita la guevurá. En Jánuca tenemos que pensar en la guevurá.

Toda festividad se realiza por algo que sucedió en nuestra historia. En esta festividad tenemos que conectarnos mucho con las macabeos; cuanto más nos contectamos con la guevurá aumenta el calor en el corazón, y se acrecienta nuestra conexión con el rey. Toda guerra es por el poder del rey. En esta historia Matitiahu era el rey, el padre de los macabeos. Estos también eran los sacerdotes, y en la Torá los sacerdotes son los sabios, los ojos. La conexión con los macabeos en tanto sacerdotes que nos enseñan Torá y entregan su vida por la Torá, es la luz, los ojos, que provoca el milagro que hace Hashem con la vela durante ocho días. Pero para calentarse en esta fiesta, la segunda cosa más importante, hay que conectarse con el heroísmo de las macabeos y pensar sobre la imagen del rey, que es el corazón de todo el pueblo de Israel.

Que el corazón esté sano y fuerte, que en todos los judíos haya un corazón sano y fuerte y ojos fuertes. Uno de los jasidim más importantes describió al primer Rebe de Jabad, autor del Tania, como médico de ojos. Dijo que tomaba a personas con ojos débiles y se los fortalecía. En esta festividad utilizamos los ojos, para estudiar Torá, y mostrar que Hashem es Uno, que hay renovación en cada momento. El corazón, el calor, es la fuerza del heroísmo.

Que tengamos muy pronto un rey verdadero, para todo el mundo, que por supuesto sabemos que se llama el Rey Mashíaj, que venga y nos redima en mérito de Jánuca, la festividad del Baal Shem Tov, y que seamos meritorios de la redención verdadera y completa ya mismo, tal cual

Esto es. Deseamos a todos que, todo lo espiritual que dejamos entrar en esta fiesta, quede con nosotros, y que estemos atentos al verdadero objetivo del ser judio en el mundo.

Shalóm velehitraót. nos vemos pronto

Lightletter y el equipo de OrEinSof.com