Los frutos cosmológicos del uso de un marco teórico unificado de la gravitación y el electromagnetismo del Rabino Abraham Israel

Shalom, queridos lectores: este formidable artículo es una colaboración de Jaume Folch, quien ya ha publicado otros artículos en Oreinsof.com. La capacidad de la Torá de acercarnos a la comprensión de los puntos más ocultos de la realidad es apasionante. Recomendamos leer hasta el final.

En la Comunidad Israelita de Barcelona, en Cataluña, nos encontrábamos en la fiesta de Sukkot del año 5775. Los habituales de la Comunidad pudimos conocer a Abraham Israel, doctor en matemáticas y empresario del moshav Or Haganuz en Israel, que nos explicó cual fue el impulso que le hizo buscar intensivamente respuestas en la Torá: estando él y sus colegas científicos preparando un telescopio para hacer una observación del espacio, comprobaron que, inadvertidamente, el telescopio tenía una ligerísima desviación en el punto del espacio enfocado. Al grupo de investigadores se les ocurrió observar qué imagen mostraba el telescopio, y lo que vieron se alejaba tanto del conocimiento previo que ellos tenían del universo, y les telescopiohizo dar cuenta con tal impacto de que lo que el ser humano conoce del espacio es una porción tan ínfima, que todos se preguntaron: cúal es el objetivo para el hombre en este mundo? Que significa toda esta inmensidad creada por el Eterno para nosotros y nuestras vidas?. Esa experiencia a caballo entre lo medible y lo místico provocó que prácticamente todos los científicos allí presentes empezaran un proceso de búsqueda espiritual, que llevó a Abraham Israel a adentrarse en la Torá.

Ets Jaím, libro capital de la cábala del Arizal

Ets Jaím, libro capital de la cábala del Arizal

En este camino de búsqueda, Abraham Israel se introdujo en el estudio en profundidad de los escritos cabalísticos, el Zóhar y la cábala de Isaac Luria. Partiendo de las descripciones de la Cábala de lo que es la luz, la materia y los mundos, buscó en la física moderna qué herramientas matemáticas podrían servir para describir la fenomenología de la creación según la Torá. Su idea era clara: la información revelada en la Torá y en los escritos cabalísticos es el punto de partida para buscar en la física y las matemáticas los recursos para traducir esa información a términos científicos que permitan el avance de nuestro conocimiento del universo y sus componentes. Este fue el procedimiento que él siguió en la elaboración del seminal trabajo objeto de esta recensión.

Albert Einstein partió de la teoría general de la relatividad para unificarla posteriormente con el electromagnetismo, adaptando éste último a la “geometrización” del espacio-tiempo propia de esa teoría. Einstein falleció sin lograr el éxito en ese aspecto. El artículo de Abraham Israel recorre el camino opuesto: persistiendo en seguir las intuiciones de Wheeler sobre la existencia del gravitomagnetismo (1990 EC), recupera la introducción de la gravitación en las formulaciones clásicas del electromagnetismo que hizo H. A. Lorenz sobre el 1900 EC, realizando un repaso histórico de las ecuaciones que llevan a definir su formulación de un gravitomagnetismo –unificación de la gravitación y el electromagnetismo, dos de las cuatro fuerzas que rigen el universo—más simple e intuitivo que el de las formulaciones actualmente extendidas, descrito a partir de unas ecuaciones diferenciales análogas a la formulación del electromagnetismo de Maxwell-Lorenz. De este modo, se producen vectores de onda gravitatoria, denominados vector de onda gravitoeléctrico (E) y vector de onda gravitomagnético (H). Estas ecuaciones pertinentemente incorporan el hecho que rayos de luz altamente energéticos (fenómeno electromagnético) son generadores de materia (aspecto gravitatorio) y de otras características del universo, como las tradiciones orales judías mantenidas en Safed (Israel) difundieron desde la edad media, denominándolas “líneas kav”.

A partir de estas ecuaciones el autor desarrolla soluciones matemáticas para explicar de manera más simple luzfenómenos hipotéticamente producidos por ese campo gravitoelectromagnético en el universo y a la postre observados y medidos: la pérdida de energía en sistemas binarios de estrellas debido a ondas gravitatorias, el caso de rayos de luz cosmogónicos (originadores del universo) intensos, y los denominados “trio-agujeros”.

Respecto al primer fenómeno, la pérdida de energía en sistemas binarios de estrellas debido a ondas gravitatorias, en Ets Jaím, libro capital de la cábala del Arizal trata de un análogo y extensión del conocido fenómeno de emisión de ondas electromagnéticas por parte de un momento dipolar (constituido por cargas eléctricas) cambiante. Un fenómeno análogo debido a la gravitación tiene que ser producido por grandes masas astronómicas en rápido movimiento, como sistemas binarios de estrellas y púlsares. Las ecuaciones introducidas por el autor, como hemos indicado partiendo del formalismo de las ecuaciones de Maxwell y extendiéndolo al gravitoelectromagnetismo, permiten describir esa emisión de ondas gravitatorias (aún no observadas en la actualidad) sin recurrir a la teoría de Einstein.

Respecto al caso de rayos de luz cosmogónicos intensos, el autor formula a partir de sus ecuaciones una solución simplificada (independiente del tiempo) en la que rayos de luz incidiendo simultáneamente en el origen de las coordenadas se aniquilan generándose materia.

El fenómeno formulado de los “Trio-agujeros” consiste en tres procesos generados en una singularidad (punto especial del espacio): la aniquilación de luz convirtiéndose totalmente en materia, la incidencia de luz y su reflejo, y la conversión parcial de luz incidente en materia y parte reflejada. Este fenómeno es producto de la visión de Abraham y sus colegas coautores del artículo de una teoría cosmológica basada en su descripción de la gravitación como una forma de interacción entre la materia y la luz. De esta manera, ellos describen el origen del universo y del tiempo de la siguiente manera, que le resultará familiar a los conocedores de la descripción de la génesis del universo según la Cabalá:

“Postulamos que el “tiempo” comienza con la separación de una luz que lo llena todo, entonces ocupando el “infinito”, de un “punto de anti-luz” que se convierte en un “centro”. Esta situación “polar” se traduce en rayos fotónicos entrantes desde el “infinito” hacia ese centro. Inicialmente, todos estos fotones son totalmente convertidos en masa en el centro.”

Esa descripción es ni más ni menos que la creación del Tzimtzum a partir del cual y en el cual la luz circundante, la “sustancia sin sustancia” (en palabras de Na’hmánides en su comentario al Génesis) “se aferra” –se convierte en materia—y a partir de la cual se inicia el tiempo de nuestro universo. Aplicando a ese proceso de génesis del universo el modelo de los rayos cosmogónicos intensos que dedujeron, los autores detallan que “conforme pasa el tiempo, aumenta la masa, parte de la luz incidente se refleja en contra del centro de masa sólida, y parte sigue convirtiéndose en masa en un proceso de “crujido”, hasta un instante cuando se alcanza una masa crítica, cuando la gran explosión conocida como “Big Bang” se produce.” De manera reveladora, en este modelo matemático que parte de la descripción de la Cabalá, se hipotesiza la existencia de materia en nuestro universo actual proveniente de diferentes orígenes y edades, incluso antes que el “Big Bang”, como algunas observaciones astronómicas y mediciones en la actualidad sugieren.

El trabajo de Abraham Israel, inicialmente de 400 páginas, fue publicado por la NASA y la Universidad de Harvard en un resumen de 40 páginas en el año 2008 EC, resumen que llegó a nuestras manos gracias al propio autor, que nos reveló que el artículo en cuestión es objeto de estudio en unas 350 universidades del mundo.Los que deseéis leer más tenéis aquí el artículo en inglés.

Jaume Folch