Tsadikim: Maimónides (1)

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Estábamos deseando poder publicar la biografía de nuestro Maimónides. Aquí está con vosotros. Agradecemos al equipo de http://www.jabad.org por su amabilidad al permitirnos compartir la biografía.Rambam

Maimónides nació en Córdoba, España, un día antes de Pesaj, el 14 de Nisán de 1135. Su padre, Rabí Maimón, era un gran erudito. Moshé recibió su primera instrucción de su padre, quien le enseñó las Sagradas Escrituras, el Talmud y, además, matemáticas:

El joven tenía una mente brillante. Cuando llegó a la edad de bar mitzvá, trece años, Córdoba fue invadida por tribus musulmanas fanáticas, los Almohades. Los nuevos conquistadores dieron a los habitantes de Córdoba la posibilidad de optar entre aceptar la fe del Islam o abandonar la ciudad inmediatamente. La gran mayoría de los habitantes judíos decidió abandonar el lugar y exilarse. Entre ellos se encontraban Maimón y su familia.

Durante diez años la familia de Maimón deambuló de lugar en lugar, sin encontrar un refugio para instalar su hogar. A pesar de estos sacrificios, Moshé continuó sus estudios, y su magnífico coraje y fe eran fuente de inspiración para muchos.

Finalmente Rabí Maimón llegó a Fez, Marruecos, en el año 1160, cuando su hijo, Rabí Moshé, tenía 25 años. También aquí los judíos soportaban grandes penurias y persecuciones por parte de los faná­ticos mahometanos. Rabí Maimón escribió entonces una famosa carta en árabe, que envió a todas las comunidades judías del norte de Africa. En ella les instaba a permanecer leales a su religión a pesar de la opresión, estudiar la Torá, cumplir las mitzvot devotamente y orar tres veces al día.

Pocos años después, la situación de los judíos de Fez se tomó insoportable.

Los dirigentes judíos fueron ejecutados por rehusarse a abrazar la fe islámica. La vida de Maimón también corría grave peligro, pero un poeta árabe local, íntimo amigo de Maimón, lo salvó. En la oscuridad de la noche, en la primavera de 1165, Rabí Maimón y su familia se embarcaron con destino a la Tierra de Israel. Grandes eran los peligros del mar, pero unos pocos días después de Shavuot llegaron finalmente a Tierra Santa, cerca de Acco. Los judíos de Acco, a quienes había llegado ya la fama del gran erudito, le depara­ron una calurosa bienvenida, plena de honores y afecto. Pero tampo­co aquí pudieron encontrar la paz anhelada, de modo que tras visitar los lugares sagrados de Jerusalem y las tumbas de los Patriarcas en Jebrón, Maimón y su familia se trasladaron a Egipto, conocido en aquellos días como la tierra de “la cultura y la libertad”. Primero permanecieron en Alejandría y posteriormente se mudaron a Fostat (Viejo Cairo), donde Maimón falleció.

Moshé (o Maimónides) continuó sus estudios con gran entusias­mo. Su hermano, David, se ocupó de toda la familia, pues era un próspero comerciante de alhajas. Cierto día, sin embargo, llegó la terrible noticia de que David había perecido en aguas del Océano Indico. El golpe de la triste noticia dejó a Maimónides tan dolorido que enfermó. Le llevó casi un año recobrarse. Entonces tuvo que hacer planes para mantener a su propia familia, además de la joven viuda y su pequeña hijita.

Maimónides no quería ganarse la vida aceptando el cargo rabíni­co, pues no quería obtener ganancias de sus conocimientos de la Torá. Trabajó entonces como médico — pues había estudiado medi­cina y ciencias en su juventud. Su fama se extendió rápidamente. Su talento le permitía muchas veces diagnosticar y escribir la receta sin necesidad de intercambiar ni una palabra con su paciente. Cierta vez un hombre sano decidió probar la sabiduría médica de Maimónides y fue a verlo. Maimónides lo observó unos instantes y se puso a escribir la receta. El hombre, que gozaba de buena salud, salió del consultorio complacido de haber comprobado que estaba en lo cierto al dudar de la veracidad del sistema que Maimónides empleaba. Curioso, en vista de que la receta estaba escrita en un lenguaje que sólo el farmacéutico podía comprender, se dirigió a una farmacia para que le dijeran qué había recetado Maimónides. Con gran asombro escuchó al farmacéutico leer “Usted lo que tiene es hambre. Tómese un buen desayuno”. (CONTINUARÁ)