Tsadikim: el Baal Shem Tob (II)

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Estimados lectores de OrEinSof, continuamos con la biografía de nuestro maestro, el Baal Shem Tov, fundador de la jasidut. Qué  interesante es ver cuántos oficios desempeñó, cómo se vio obligado a desplazarse de un pueblo a otro pueblo, pero tiene una bondad en su interior que le acompaña en todo su camino. Recibid todos un cordial saludo, desde Oreinsof.

Israel como un tzadik oculto

Cuando Israel tenía dieciocho años, la comunidad de Tloste sugirió una esposa para él. Poco se sabe de la primera esposa de Israel, pues murió poco después de su matrimonio.

Después de la muerte de su esposa, Israel fue contratado como profesor en el jéder de Tloste. Fue en este momento que la comprensión profunda de Israel de la naturaleza humana comenzó a brillar, y se le pidió a menudo que presidiera en los litigios civiles entre los miembros de la comunidad.

Poco tiempo después, en 5478 (1718), Israel se trasladó a la ciudad de Brody, donde fue, una vez más, contratado como profesor. En este cargo, se le pidió a Israel que fuera tutor de un joven huérfano que había sido adoptado por el ilustre Rabí Guershon de Kitov, reconocido por la amplitud de sus conocimientos tanto en el Talmud como la Cábala. Este cargo eventualmente condujo al casamiento de Israel con la hermana de Rabí Guershon, Chana.

La joven pareja dio a luz a su hija, Odl. Su hijo, Tzvi Hersh, nacería quince años después.

La estancia de Israel en Brody fue de corta duración; uno de los maestros de Israel de la comunidad de tzadikim ocultos le ordenó trasladarse a una ciudad pequeña. Y así, Israel y su esposa salieron de Brody y se establecieron en un pequeño pueblo en la profundidad de los Montes Cárpatos, al este.

Israel pasó la mayor parte de su tiempo ahí en el estudio aislado y la meditación. La joven pareja se mantenía de la minería de arcilla y cal, que Chana transportaba a pueblos vecinos con un caballo y una carreta que Rabí Guershon les había comprado. El paisaje impresionante y la relativa libertad de las exigencias de la vida cotidiana permitieron a Israel concentrarse en sus estudios y el servicio a Di-s. El Baal Shem Tov recordaría más tarde que los siete años en los Montes Cárpatos fue el período más agradable de su vida.

En 5484 (1724), en el 26 cumpleaños de Israel, el antiguo profeta Ajía Hashiloni —que había enseñado la Torá a Elías el Profeta unos 2.500 años antes —se le apareció. Ajía enseñó a partir de ese día a Israel los secretos de toda la Torá, comenzando con la primera palabra de la Torá, “Bereshit” y terminando exactamente diez años más tarde con las últimas palabras de la Torá.

En 5490 (1730), Israel encontró empleo como Shojet (matarife ritual) en Kshilowice, pero pronto pasó a administrar una taberna en Tloste que su cuñado había comprado para él. Durante su estancia en las montañas, Israel había entrado en contacto con los pobladores locales, quienes le enseñaron las propiedades curativas de varias hierbas y otras plantas. Ahora, Israel comenzó a aplicar sus conocimientos recién adquiridos mediante la prescripción de remedios y amuletos escritos para los lugareños que estaban necesitados de curación para diversas dolencias físicas. La práctica de Israel fue un éxito y su fama como Baal Shem —curandero —creció rápidamente. Cada vez más, la gente de los pueblos de los alrededores venía en busca de su experiencia.

Pero Israel Baal Shem estaba lejos de ser un curandero ordinario. Mientras que se dedicaba a curar las enfermedades físicas de sus pacientes, trató de curar sus espíritus enfermos. Israel les enseñó la importancia que la Torá da al optimismo y la alegría y los alentó en su servicio a Di-s. Fue este ejercicio único, que le valió a Israel Baal Shem el afectuoso título adicional, “Tov” (“bueno”), dando así origen a su nombre popular-el Rabí Israel Baal Shem Tov.

Extraido de: www.chabad.org