Tsadikim: el Baal Shem Tov (I)

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Estimados lectores y lectoras de OrEinSof, iniciamos hoy una serie de artículos sobre la vida de algunos de los más importantes tsadikim. Vivimos  momentos de incertidumbre a escala mundial, momentos en los que la necesidad de verdaderos líderes, hombres y mujeres inspiradores, es imperiosa. Por ese motivo arrancamos esta serie, para que el recuerdo de los grandes tsadikim traiga  su influencia en nosotros y en nuestra generación, para traer el bien a nuestra Tierra; y pronto, y no va a ser fácil, la llegada del Lider que queremos, el Mashiaj.  Jag Sukot Sameaj!

Rabí Israel Baal Shem Tov (literalmente:   “maestro del buen nombre”, también conocido por el acrónimo   “Besht”) fue el fundador en el siglo 18 en Europa del Este del   movimiento jasídico. El Baal Shem Tov era un líder que revolucionó el pensamiento   judío e infundió nueva vida a una nación desalentada. Los efectos de sus   enseñanzas se siguen sintiendo hoy, tanto por sus seguidores directos,   conocidos como jasidim, como por los seguidores de todas las otras corrientes   del pensamiento judío, que han sido profundamente afectados por sus   enseñanzas y filosofía. La siguiente es una breve biografía de esta figura   legendaria.

A fines del siglo 17, los judíos de   Europa aún estaban conmocionados por la devastación provocada por los   pogromos de Chmelnicky en 5408 y 5409 (1648-1649 EC). Las masacres habían   dejado decenas de miles de judíos muertos y los sobrevivientes acongojados   luchando para reconstruir sus vidas rotas y las comunidades.

A raíz de los pogromos, el infame   Shabtai Zvi llevó a miles de judíos desesperados a creer que él era el Mesías   esperado destinado a redimirlos de su exilio. Muchos judíos se inspiraron con   la esperanza de que su sufrimiento terminaría pronto, pero después Shabtai   Zvi resultó ser un fraude —se convirtió al Islam bajo la presión de los turcos   otomanos —y ellos se hundieron de nuevo en la amarga realidad de la vida en   el shtetl.

Después de los pogromos, muchas familias   se quedaron sin medios de subsistencia y la gran mayoría de los niños se   vieron obligados a abandonar su estudio de la Torá a una edad muy temprana, a   veces de apenas cinco o seis años, para ayudar a mantener a sus familias.   Sólo los ricos —muy pocos entre ellos —podían proveer una adecuada educación   de Torá para sus hijos. Esto dio lugar a una generación de, en su mayor parte,   ignorantes, pero piadosos y devotos judíos que eran, en gran medida,   abandonados y despreciados por los eruditos de élite —los talmudistas. Se   desarrolló una separación entre los judíos cultos e incultos, a tal punto que   en muchos pueblos los dos grupos oraban en sinagogas separadas.

En este contexto preocupante, en la   pequeña ciudad polaca de Tloste, Eliezer y su esposa Sarah vivían una vida de   piedad sencilla, sirviendo a Di-s con un corazón puro. Aunque aparentemente   ignorante, Eliezer era en realidad un miembro de la comunidad de   “tzadikim ocultos”, un grupo de inusualmente talentosos y dedicados   judíos que, disfrazados de gente sencilla, dedicaban sus vidas a mejorar la   difícil situación de sus hermanos judíos tanto espiritual como materialmente.

En su vejez, el 18 de Elul de 5458   (1698), Sara dio a luz a su único hijo, Israel.
Este niño estaba destinado a infundir vitalidad a los desfallecidos. Su   nombre, Israel —es también el nombre del pueblo judío. Su nacimiento serviría   como una llamada de atención para una nación profundamente sumida en un sueño   espiritual.

Infancia

Cuando Israel tenía cinco años, su madre   y su padre murieron. Antes de su muerte, Eliezer llamó a su hijo Israel a su   cabecera y le dijo: “El temor a nadie más que Di-s. El amor a cada judío   con todo tu corazón y tu alma, no importa quién sea” Estas dos   directivas sirvieron de base para el servicio a Di-s de Israel y sus   enseñanzas futuras.

La comunidad judía de Tloste adoptó al   joven huérfano proveyéndolo de sus necesidades básicas. A menudo, después de   la conclusión de sus estudios en el jéder (escuela judía) local, Israel   vagaba por los campos y los bosques que rodeaban la aldea. Fue en este lugar   pintoresco, aislado y alejado del bullicio de la vida cotidiana, que Israel   fue capaz de meditar y reconocer las maravillas de la creación de Di-s.

En una excursión de este tipo, después   de dos años del fallecimiento de sus padres, el pequeño Israel encontró por   casualidad a un hombre santo orando en el bosque. Después de presentarse,   Israel y el anciano se sentaron en silencio en el bosque y estudiaron las   santas palabras del Talmud. La erudición del hombre, la calidad de su   carácter, y la humildad evidenciaron que era un tzadik oculto. Israel se unió   a él en sus andanzas, y deambularon de pueblo en pueblo, de una ciudad a   otra, el mentor de Israel todo el tiempo se hacía pasar por un simple   vendedor ambulante. Gran parte de su tiempo lo pasó en intenso estudio y   oración ferviente. Por desgracia, Israel nunca conocería la identidad de este   hombre misterioso.

Israel era contratado periódicamente   como asistente del maestro en los jéder de los pequeños pueblos por donde   pasaban. Más tarde referiría que tuvo el gran placer de acompañar a los niños   a la escuela, utilizando esta oportunidad para rezar con ellos y narrarles   historias de la Torá. La inocencia de los niños y la pureza con que oraban,   el Baal Shem Tov explicó, provocaba una gran satisfacción al Todopoderoso. El   Maguid de Mezritch, el sucesor del Baal Shem Tov, diría más tarde: “¡Si   sólo besáramos un rollo de la Torá con el mismo amor que mi señor [el Baal   Shem Tov] besó a los niños cuando los llevó al jéder como ayudante del   maestro!”

Después de tres años de este estilo de   vida nómada, Israel fue llevado por su mentor a la casa de un hombre llamado   Rabí Meir, quien asumió la tutela del muchacho todavía joven. Como el primer   guía de Israel, el rabino Meir también era un tzadik oculto, y mientras la   gente de su pueblo pensaba que era un trabajador manual, en realidad era un   gran sabio de la Torá.

Fue en la casa de Rabí Meir que Israel   se introdujo, como su padre antes que él, en la comunidad secreta de tzadikim   ocultos. Los grandes hombres se reunían regularmente en la casa de Rabí Meir   a estudiar las obras místicas de la Cábala y orar juntos. Israel absorbió   fácilmente este conocimiento, y pronto se convirtió en el discípulo del líder   de esa fraternidad, el venerado rabino Baal Shem Adán. El Rabí Adán se   desempeñaba como su mentor desde hacía mucho tiempo, y sus enseñanzas   sentaron las bases para el propio trabajo de Israel.

El decimosexto cumpleaños de Israel, el   Profeta Elías se le apareció y le describió los grandes efectos que las   oraciones de la gente sencilla producían en el cielo. Su intención pura y la   fe inquebrantable con la que pronuncian las palabras de las plegarias, Elías   explicó, resuenan en “los mundos superiores” más que los logros   académicos de los grandes sabios. Inspirado por su conversación con el   profeta, Israel convirtió en su misión personal participar con los simples   judíos en conversaciones sobre asuntos mundanos. Al indagar sobre su   bienestar y la salud de sus familias o medios de vida, Israel fue capaz de   obtener respuestas ricas en palabras de alabanza a Di-s.

Extraído de: www.chabad.org