Cabalá y Educación (1)

Inspirados por la brillante exposición del prof. Eliézer Zeiger durante el 2do Seminario OrEinSof iniciamos un ciclo de artículos que nos ofrecen un enfoque de la educación basado en la sabiduría de la cabalá y la jasidut. Esperamos que os gusten.

Inspiración e Integración

Como estamos viendo la educación a través de la óptica de la cabalá, debemos empezar definiendo la educación en términos cabalísticos. La cabalá considera al hebreo como el lenguaje de la creación y le da una gran significación a la formulación hebrea de las palabras, sus raíces, subraíces y su significado oculto, por lo tanto, definiremos la educación tomando en cuenta las palabras hebreas que connotan este concepto.
En hebreo hay dos palabras para educación: jinuj y hadrajá. En un diccionario común hebreo-español, encontraremos definida la palabra jinuj como “adiestramiento” y hadraja como “guía”, términos que aparecen casi como sinónimos. Sin embargo, en los trabajos rabínicos, lejos de ser intercambiables, estas palabras expresan ideas específicas y diferentes.
Para captar el significado interior de estas palabras y así descubrir el significado de educación, debemos examinar primero las raíces o ideas germinales que contienen. Esto arrojará luz a las sutilezas que las distinguen.
La raíz básica de jinuj aparece más frecuentemente en la Biblia con el significado de “inauguración” o “iniciación”. Describe el acto de dedicar algo a un propósito en particular. Por ejemplo, el Salmo 30, conocido como Mizmor Shir Janucat HaBait, es un canto de inauguración compuesta por el Rey David para el Templo de Jerusalem construido luego por su hijo, el Rey Shlomo. Una vez construido el Templo, sus utensillos no podían ser usados hasta que fueran santificados e inaugurados en sus tareas. Así, la menorá (el candelabro) tenía que ser santificada e inaugurada en su rol de “iluminador”. Así mismo era para los cohanim, los sacerdotes que servían en el Templo, que tenían que ser iniciados en el oficio antes de asumir sus responsabilidades. Aunque el sacerdote ya está capacitado físicamente para realizar su función, requiere una inyección de luz para trasladar su potencial espiritual a la realidad.
Este acto de iniciación atrae hacia abajo luz espiritual, es un ritual que despierta a los receptores a un nivel superior de potencialidad, habilitándolos para comenzar su nueva tarea. A través de esta emisión de resistencia física, psicológica y espiritual, esta descarga de luz, energía e inspiración transforma verdaderamente a la persona o el objeto en cuestión.
Cuando aplicamos estas ideas germinales embebidas en la raíz de jinuj o educación, vemos que el maestro es un “iniciador”, en su tarea de despertar los potenciales latentes de sus discípulos. Hace esto bajando la luz del conocimiento al nivel de los estudiantes, inspirándolos así a una nueva manera de pensar y ver el mundo.
La raíz de la segunda palabra hebrea para “educacion”, hadrajá, conlleva una variedad de significados relativos al método y la dirección. Así, mientras que jinuj implica el espíritu de un comenzar de nuevo, hadrajá implica el esfuerzo por el movimiento y el progreso. En términos de educación, significa que luego del sacudón de inspiración, es necesaria una continuación.
Con la inspiración no se logra demasiado si los estudiantes no integran estos nuevos conocimientos a su vida diaria, si no aprenden como mantenerse en el nuevo camino y evitar los obstáculos, progresar constantemente y mantener el objetivo a la vista.

Extraído de www.dimensiones.org