Querida Ana Frank (6) Cartas para Ana

en la entrega anterior:

Sabemos que cuando Ana comenzó a escribir el diario, no pensó que nadie lo vería. Por eso escribió los nombres verdaderos de las personas que estaban con ella en el escondite… La escritura de las emociones tiene que ejecutarse desde del lugar personal más profundo, de tal manera que no queremos exponerlo ante nadie en el mundo. También si sabemos que quizás un día lo llegarán a leer, o incluso que nosotros mismos lo publiquemos, la escritura tiene que realizarse como si nadie más la ha de ver.

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Cartas para Ana

 Destacamos antes que muchas personas de todo el mundo, y en especial jovencitas de la edad que Ana Frank tenía al escribir el diario, acostumbran seguir escribiéndole cartas. Cuando una persona logra llegar a su prójimo desde una distancia tan grande en el tiempo y el espacio, esto nos enseña una lección muy importante acerca de la fuerza del alma, cuando se eleva sobre las limitaciones del mundo para alumbrar a lo lejos.

Si somos capaces de conmovernos con las palabras de una persona que hace tiempo se fue de este mundo, a tal punto de impulsarnos a contestarle, es porque en cierto sentido su alma nunca se fue. Todavía está aquí, dentro de nosotros, incitándonos a pensar y sentir.

Ana Frank murió a los 16 años de edad. Si todavía estuviera viva tendría 83 años. Podemos tratar de imaginar como sería; una mujer anciana, probablemente a esa edad algo encorvada, pero teniendo todavía esa misma chispa en los ojos, esa sonrisa pícara y la personalidad tenaz y vigorosa que conocemos tan bien de sus fotos y su diario. Pero nos resulta difícil hacer eso, porque en los ojos del alma ella permanece siempre joven. Esa es la suerte de aquellos que mueren al comienzo de sus días: permanecen a los ojos de aquellos que los recuerdan, jóvenes por siempre.

A pesar de todo lo trágico de su muerte prematura, justamente esos que permanecen jóvenes eternamente, esos que al morir siguen viviendo, nos transmiten algo importante acerca del alma: también ella, el alma, permanece joven eternamente como ellos, inmune del paso del tiempo.

Hay una costumbre de seguir contando los días de nacimiento también muchos años después de la muerte. Así, por ejemplo, los jasidim acostumbran leer cada año el salmo que corresponde a la edad de su Rebe difunto. No obstante, explica la Cabalá que en la resurrección de los difuntos, las personas revivirán con la misma edad en que se fueron, como si no hubiera pasado ni un día.

En otras palabras, después morir la persona madura y no madura, descansa y no descansa. Es difícil representar ante nuestros ojos una idea como la resurrección de los difuntos (por eso, el Rambam dijo acerca de los días del Mashíaj, que “no sabremos cómo será hasta que no sea”), pero si intentamos hacerlo respecto a Ana Frank, podríamos imaginarla que viene a nosotros como una anciana en un cuerpo de adolescente. Y así tenemos ante nosotros una parábola más agradable todavía de la apariencia del alma: madurando constantemente, pero al mismo tiempo fresca y vigorosa (algo parecido, notemos, se explica en jasidut acerca de la apariencia del Mashíaj que deseamos: estará compuesto del alma del Moshé anciano y en el cuerpo de David más joven…).

¿Qué le escribirían a Ana Frank?

¿Qué le quisieran contar de vuestras vidas aquí y ahora?

El diario de Ana Frank merece estar en la lista de los libros obligatorios de todo estudiante de su edad, en Israel más que en cualquier otro lugar, y hay que alentar a los alumnos a escribir cartas, y difundir las cartas más interesantes. El alma de Ana puede seguir iluminando nuestro mundo, y estimular a nuestras almas a que se expresen tal como ella lo logró hacer tan bien.

FIN

2 comentarios el “Querida Ana Frank (6) Cartas para Ana

  1. Me encantaria escribirle una carta a Ana Frank pues su libro fue mi compañia durante mi niñes,ni siquiera soy judia,, si embargo el libro en ese momento era uno mas de mis amigos.

    • B”H

      Me emocioné mucho leer tu comentario Paloma!

      Si quieres escribir esta carta, estaríamos encantados de publicarla (claro, solo lo que querías y nos permitas publicar…)
      En el Judaismo, se entiende que el Alma es eterno, así que en cierto modo esta carta puede llegar a su destino…

      Shabbat shalom,

      Oded.

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