Querida Ana Frank (2) La Tefiláh como Diario Personal

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En la entrega anterior:

Ana Frank creció en una casa judía asimilada, y no estaba conectada con el judaísmo. Sin embargo, quiso la Providencia que llegue a ser la representante de todo el pueblo judío para millones de personas en todo el mundo. El Baal Shem Tov, el fundador del Jasidut –que abrió ante nosotros las puertas de los secretos de la Toráh– nos enseñó que en todo lo que hay en el mundo hay que meditar a través de la lente de la fe y la Toráh.

¿Qué inspiración podemos obtener de la personalidad y la historia de Ana Frank a través del instrumento de meditación de la dimensión interior de la Toráh?

Si te has perdido alguna entrega de esta serie, pincha aquí para recuperarlas todas.

El diario de Ana Frank

La Tefiláh como un Diario Personal

Volvamos a leer el párrafo inicial del diario: “Espero que pueda revelarte todo lo que no pude revelarle a nadie hasta ahora, y espero que encuentre en ti un confidente fiel y comprensivo”.

Estas líneas no se las escribe Ana Frank a su amiga ni a un pariente, sino a su propio diario.

Así, a continuación Ana le otorga a su diario un nombre humano, “Kiti”, para poder mostrarse a sí misma aún más hasta qué punto utiliza su diario como una amiga de carne y hueso, en cuyo oído poder derramar todo lo que se encuentra en su corazón.

“Kiti” el diario de Anna Frank

En algunas de las adaptaciones teatrales del libro, esta idea cobra vuelo y “Kiti” se vuelve verdaderamente una personalidad encarnada por la actriz, reflejando desde un costado lo que sucede, sin que ninguno de los personajes se entere de su presencia, y le relata al público los pensamientos personales de Ana, evocados en las hojas del diario.

La idea de escribir o hablarle a una personalidad que no está ante nosotros –más todavía, que es en absoluto intangible– recuerda por supuesto a la tefiláh, la plegaria.

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