Columnistas Invitad@s | Hueso Indestructible

בס”ד

Cuenta el midrash que el Emperador Adriano sabía de la existencia de un hueso con propiedades extraordinarias, y decidió preguntar a los sabios de Israel. Se dirigió a Rabino Yehoshúa ben Janania y le preguntó: ¿A partir de qué parte del cuerpo Di-s empezará la resurrección?  Rabino Janania le respondió: “Del hueso que hay en el extremo superior de la columna vertebral, llamado Luz“. Adriano replicó: “Dame un prueba de que esto es verdad”. Rabino Janania agarró uno de estos huesos, y lo puso en agua, pero no se ablandó. Lo puso en fuego, pero no se consumió. Intentó molerlo, pero fue en vano. Lo colocó en un yunque, pero el yunque se quebró.

Con esto Rabino Janania demostró que el hueso Luz es como una semilla de origen divino, a través de la cual el cuerpo se reconstruirá en el tiempo de la resurrección de los muertos (Bereshit Rabá 328).

Veamos cuál es la explicación de Rabino Ginsburg,  extraída del libro “Body, Mind and Soul”:

“Nuestros sabios enseñan que existe un hueso indestructible en la parte de arriba (o, según ciertas opiniones, en la parte de abajo) de la columna vertebral, a través del cual el cuerpo resucitará al final de los días.

Puede llamarse עצם הלוז /etzem haLuz/, hueso luz* o también לוז של השדרה /luz shel shidráh/, luz de la columna (vertebral), según Vayikrá Rabbáh 18:1.

El valor numérico de etzem haLuz es 248, el número de miembros –según nuestros sabios– del cuerpo humano, que corresponden a los 248 preceptos positivos de la Toráh. Así, este hueso comprende todos los miembros del cuerpo.

En terminología moderna podemos decir que, de este hueso eterno, lo más esencial [1] es la descripción totalmente codificada de hombre en una molécula de ADN. De esta molécula esencial, el hombre podrá, en el tiempo de la resurrección, volver a la vida.

En efecto, la parte más potente del ADN en el cuerpo es la médula ósea, que corresponde a la sefiráh de jojmáh, sobre la cual se dice “ellos morirán, pero no con jojmáh (Job 4:21). Incluso después de la muerte física, no sólo el hueso luz no muere, sino que asegura la futura reconstitución del cuerpo entero.    

El valor numérico de luz shel shidráh, 882, corresponde a dos veces la palabra emét (verdad, 441).

En Kabaláh y en Jasidismo, la verdad implica la vida eterna, ya que la verdadera verdad no tiene fin. De Yaakov, “el hombre de verdad” se dice que “Yaakov nunca murió”. Dos veces emét implica resurrección y vida eterna en dos planos simultáneos, en el plano físico y en el espiritual

Esto converge con la opinión de Najmánides (y de la Kabaláh y Jasidismo) que con la resurrección de los muertos, no sólo el alma, sino también el cuerpo, vivirán para siempre”

-Moriáh Mazal, Barcelona

(*) No nos referimos a la palabra “luz” en castellano, como luz eléctrica, sino a la transliteración de la palabra hebrea לוז /luz/, en la que el sonido “z” no corresponde a la zeta castellana… y que significa avellano, avellana; y también esencia, parte principal o núcleo

[1] En hebreo, la palabra hueso (etzem) es la misma para: esencia, y también puede serlo para objeto, lo esencial, lo fundamental, meollo (lo más importante de algo).