Especial de Sukot | Significado de las 4 Especies

בס”ד

Queridos amig@s de nuestro blog,

Queremos iniciar en esta festividad de Sukot, una nueva andadura de OrEinSof.com, que consiste en presentaros traducciones inéditas en castellano, de artículos y reflexiones del rav Ginsburgh, como de costumbre llenos de enseñanzas descifradas a través de la mística judía.

¡Qué mejor forma de hacerlo en Sukot, que publicando para vosotros un artículo sobre las cuatro especies típicas de esta festividad, que hasta ahora no estaba disponible en castellano!

Esperamos que lo disfrutéis, que sea de provecho en vuestro estudio y más aún, en la vivencia de este entrañable jag de nuestro calendario judío.

¡Jag Sukot Saméaj!

Edit Or

y el equipo que hace posible OrEinSof.com

El Significado Interior de las Cuatro Especies*

Nuestros sabios interpretan el versículo (Tehilim 35:10), “Todos mis huesos [es decir, todo mi ser] dirán: Oh, D~os, ¿quién como Tú?” para referirse a las cuatro especies de la festividad de Sukot, siendo que cada una de ellas se refiere también a una parte del cuerpo humano, y todas juntas alaban a HaShem – “¿quién como Tú?” (VaYikrá Rabáh 30:14; Midrash Tanjuma, Emor 19).

El lulav, cuya pilar central se conoce como su “columna vertebral” (shidráh) se asemeja a la espina dorsal del hombre.

Las hojas de la rama de mirto (hadás) se parecen a los ojos del hombre.

Las hojas de la rama de sauce (araváh) se parecen a los labios del hombre.

El etrog asemeja al corazón del hombre.

La frase “Oh D~os, ¿quién como Tú?” en guematria es 162, lo que equivale a la palabra bTzélem (“a imagen de”), que aparece en el comienzo de la Toráh en la frase “a imagen de D~os lo creó [al hombre]”.

Toda la frase “a imagen de D~os” —bTzélem Elokim– es igual a 248, el número de miembros del cuerpo humano (de acuerdo con la Mishnáh, el número de huesos en el esqueleto humano) que corresponden con el número de preceptos positivos de la Toráh, y que numéricamente es también igual al nombre del primer judío: Avraham.

Meditemos sobre los cuatro miembros anatómicos principales que corresponden con las cuatro especies de Sukot. De acuerdo con el principio general de la kabalá y la jasidut, todos los elementos del servicio espiritual de las Altas Fiestas que preceden a Sukot, encuentran su manifestación material en las mitzvot físicas de la festividad de Sukot.

Cuando bendecimos y alabamos a HaShem con las cuatro especies físicas (con “todos mis huesos”) y las sacudimos en todas las direcciones para revelar el reino de D~os en todos los aspectos de la realidad, reflejamos en el plano físico, la devoción espiritual de nuestras oraciones sinceras al Eterno en Rosh haShaná (el día en que coronamos a D~os como Rey) y en Yom Kipur (el día en que como pueblo llegamos a convertirnos en los únicos agentes de HaShem para revelar Su reino en la tierra).

Acerca de la oración, generalmente se dice que “el suplicante debe dirigir sus ojos hacia abajo pero su corazón hacia arriba” (Yevamot 105b). Al comienzo de la Amidáh silenciosa, con la columna vertebral erguida (al inclinarse, con la totalidad de las vértebras abiertas en un verdadero bitul y canción inaudible al Eterno), se dice: “Señ~r, abre mis labios para que mi boca relate Tu alabanza” (Tehilim 51:17. La interpretación kabalística de este verso es central para las kavanot [meditaciones místicas] de Rosh HaShanáh).

Así, vemos que se trata precisamente de estos cuatro miembros principales, los cuales participan específicamente en el servicio divino de la oración.

En un nivel aún más profundo de la conciencia, el corazón (el etrog) dirigido hacia arriba en la oración; encapsula la conciencia de “¿a Quién estoy rezando?”.

Los ojos (las hojas de mirto), dirigidos hacia abajo (hacia la realidad) implican la conciencia de “¿para qué estoy rezando?”.

Los labios (las hojas de sauce) en movimiento durante la oración contienen en sí mismos la conciencia de “¿quién, de hecho, está orando (yo o  D~os mismo)?”.

La columna vertebral (el lulav) de quien está de pie en la plegaria silenciosa, representa la conciencia de su estado ascendente, de confianza y la determinación de que “la oración seguramente será respondida”.

Los tres primeros estados de conciencia son expresados ​​como preguntas. En la tefiláh misma, las preguntas se resuelven, sus respuestas quedan claras:

“Estoy rezando al Todopoderoso, al Creador y Esencia todo-abarcadora de la creación”,

“estoy orando por la redención del mundo con la venida del Mashíaj, tanto a nivel colectivo como a nivel personal “,

” es por el poder y la gracia de D~os que puedo abrir mis labios y mi boca para alabarLe “.

El cuarto estado de conciencia, que en el orden del Midrásh, es de hecho el primero, la columna vertebral de toda conciencia, que inicialmente se expresa como una afirmación. Antes de que uno inicie la tefiláh, debe estar seguro de que la oración será realmente contestada. Este es el estado continuo de conciencia del judío, existencialmente conectado al Todopoderoso, que le motiva y permite cumplir espiritualmente con la exhortación de nuestros sabios: “Que uno pudiese rezar todo el día” (Berajot 21a, etc ).

El lulav está por encima de todas las otras especies, por lo que se pronuncia la bendición de todas las especies sobre él (“¡Bendito seas… que nos mandaste a levantar el lulav!”). En particular, el lulav expresa la exclamación de victoria (“nuestro lado ha ganado”) de la batalla espiritual que se llevó a cabo durante el período de las Altas Fiestas.

Podemos derivar una nueva comprensión profunda de la meditación anterior. El mirto y ramas de sauce están atados al lulav y se alzan juntos con la mano derecha. El etrog es alzado con la mano izquierda y, posteriormente, unido a las tres especies de la derecha.

Como se explicó anteriormente, el etrog representa la aspiración del corazón de “alcanzar” a HaShem mismo. Si esta aspiración se expresase sin límites, se traduciría en que el alma saldría de los confines del cuerpo (como en el caso de Nadav y Avihu, los hijos de Aharón, quienes experimentaron “correr” sin la posibilidad de “regresar”) . La izquierda es la fuerza controladora que no permite la “carrera” del alma para llegar a este extremo negativo.

De la mano izquierda, se dice: “la mano izquierda aleja” [mientras que “la derecha acerca”] (Sota 47a).

Esto significa que la izquierda no permite que el alma y D~os se fusionen completamente (como antes de la creación) y se conviertan en uno absoluto. En este mundo, el “correr” del alma debe seguir siendo lo penúltimo (“siempre acercándose pero nunca alcanzando el límite”, Berajot 26b).

Por esta misma razón, el Eterno creó al ser humano poniéndole el corazón al lado izquierdo. Poco a poco (pero de forma segura) la izquierda eleva el etrog y lo conecta con las especies de la derecha. Sólo entonces la mitzvá es realizada. El “correr” ascendente del etrog a la izquierda inspira el “regreso” descendente de las especies hacia la derecha.

Así llegamos a la conclusión que la columna vertebral de la tefiláh en el servicio divino está representada por el lulav en posición vertical a la derecha, mientras que la esencia de la oración sincera es en sí misma representada por el etrog, el corazón, a la izquierda. Y así es que nuestros sabios dicen, “el Todo-Misericordioso desea el corazón” (Sanhedrín 106b). El Todo-Misericordioso desea aquel corazón que (más) Le desea.

Los cuatro nombres de las especies –etrog, araváh, lulav, hadás– sumados hacen 1.024, lo que equivale a 32 ^2 (al cuadrado). 32 es lev, corazón. Por lo tanto, en conjunto, expresan el corazón perfecto (un número cuadrado refleja el estado perfecto de su raíz).

Sorprendentemente, las tres palabras referentes a los miembros/órganos –columna vertebral (shidráh), ojos (áyin), y los labios (safáh)– sumados también hacen 1.024, el corazón perfecto.

Junto con la cuarta palabra, el corazón mismo (lev), los cuatro miembros anatómicos (que es como decir “todos mis huesos”) hacen en guematria 1.056, la forma “diamante” de 32, ¡el “triángulo” doble de 32!

Vamos a terminar en oración: “Purifica nuestros corazones para servirTe en verdad”, que tengamos el mérito de la gran alegría de la festividad de Sukot con la revelación del Mashíaj (cuyo nombre se permuta para deletrear “Él se alegrará” y “Él hará feliz “) y la redención de Israel y el mundo entero (” todo mi ser “), Amén.

(*) traducción por uno de nuestros colaboradores: Aviel Pérez.

Si quisieras participar con nosotros en este nuevo proyecto de traducción de contenidos originales del rav Ginsburgh en inglés o hebreo, no dudes en contactarnos a través de info@oreinsof.com Gracias.

Un comentario el “Especial de Sukot | Significado de las 4 Especies

  1. Versión Original:

    The Inner Meaning of the Four Species

    Our sages interpret the verse (Psalms 35:10), “All my bones [i.e., my entire being] shall say O’ God, who is like You?'” to refer to the four species of the holiday of Sukkot, each of which resembles a part of the human body, all of which together praise God–“who is like You?” (VaYikra Rabbah 30:14; Midrash Tanchuma, Emor 19):

    The lulav, whose central pillar is referred to as its “backbone” (shidrah) resembles the backbone of man.

    The leaves of the myrtle branch (hadas) resemble the eyes of man.

    The leaves of the willow branch (aravah) resemble the lips of man.

    The etrog resembles the heart of man.

    The phrase “O God, who is like You?” equals in gematria 162, which equals the word b’tzelem (“in the image of”), which appears in the beginning of the Torah in the phrase “in the image of God He created him [man].” The entire phrase “in the image of God” (b’tzelem Elokim) equals 248, the number of limbs in the human body (according to the Mishnah, the number of bones in the human skeleton) which correspond to the number of positive commandments of the Torah, and numerically equal the name of the first Jew, Abraham.

    Let us meditate on the four major limbs which correspond to the four species of Sukkot, in accordance with the general principle of Kabbalah and Chassidut that all of the elements of the spiritual service of the High Holidays which precede Sukkot, find their material manifestation in the physical mitzvot of the festival of Sukkot.

    When we bless and praise God with the four physical species (with “all my bones”) and shake them in all directions to reveal God’s kingdom in all aspects of reality, we reflect, on the physical plane, the spiritual devotion of our heartfelt prayers to God on Rosh HaShanah (the day that we crown God [i.e., arouse Him, as it were, to desire] to be King) and Yom Kippur (the day that we, as a people, rise to the level of becoming the sole agents of God to reveal His kingdom on earth).

    Of prayer, in general, it is said, “The supplicant should direct his eyes downward but his heart upward” (Yevamot 105b). At the beginning of the silent devotion, with backbone erect (and when bowing, all of its vertebrae opened in true “bitul” and inaudible song to God), we say: “L-rd, open my lips, and my mouth will utter Your praise” (Psalms 51:17. The Kabbalistic interpretation of this verse is central to the kavanot [mystical meditations] of Rosh HaShanah.).

    Thus we see that it is these four major limbs specifically which participate in the Divine service of prayer.

    At an even deeper level of awareness, the heart (the etrog) directed in prayer upward, encapsulates the consciousness of “to Whom am I praying?” The eyes (the myrtle leaves), directed downward (toward reality) encapsulate the consciousness of “what am I praying for?” The moving lips (the willow leaves) of prayer encapsulate the consciousness of “who, in fact, is praying (myself or God Himself)?” The backbone (the lulav) of the one standing in silent devotion encapsulates the consciousness of his upright state of trust and determination that “my prayer will surely be answered.”

    The first three states of consciousness are expressed as questions. In the service of prayer itself, the questions become resolved, their answers become clear: “I am praying to God A-lmighty, the Creator and all-encompassing Essence of creation”; “I am praying for the redemption of the world with the coming of Moshiach, at the collective as well as personal level”; “It is by the power and grace of God that my lips and mouth open to praise Him.”

    The fourth state of consciousness, which in the order of the Midrash, is in fact the first, the backbone of all consciousness, is initially expressed as an affirmation. Before one stands in prayer, he must be sure that his prayer will indeed be answered. This is the continual state of consciousness of the Jew, existentially connected to God A-lmighty, which motivates and spiritually empowers him to fulfill the exhortation of our sages, “Would that one would pray the whole day long” (Berachot 21a, etc.).

    The lulav stands higher than all the other species, for which reason we pronounce the blessing of all the species over it (“Blessed be You…who has…commanded us to lift up the lulav”). In particular, the lulav expresses the exclamation of victory (“our side has won”) of the spiritual battle that took place over the period of the High holidays.

    We may derive yet another profound realization from the above meditation. The myrtle and willow branches are bound to the lulav and lifted up together with it by the right hand. The etrog is lifted by the left hand and thereafter brought together to the three species on the right.

    As explained above, the etrog represents the aspiration of the heart to “reach” God Himself. Were this aspiration to express itself without bound, it would result in the soul leaving the confines of the body (just as in the case of Nadav and Avihu, the sons of Aaron, who experienced “run” without the ability to “return”). The left is the controlling force that does not allow the “run” of the soul to reach this negative extreme. Of the left hand it is said: “the left hand pushes away” (where as “the right draws close”) (Sotah 47a). This means that the left does not allow for the soul and God to totally merge (as before creation) and become absolutely one. In this world, the “run” of the soul must remain penultimate (“always approaching but never reaching the limit,” Berachot 26b).

    For this very reason, God created man with his heart on his left. Slowly (but surely) the left lifts up the etrog and connects it to the species on the right. Only then is the mitzvah performed. The upward “run” of the etrog to the left inspires the downward “return” of the species to the right.

    Thus we conclude that the backbone of Divine service is represented by the upright lulav on the right, whereas the essence of heartfelt prayer itself is represented by the etrog, the heart, to the left. And so do our sages say, “the All-merciful One desires the heart” (Sanhedrin 106b). The All-merciful One desires that heart which (most) desires Him.

    All of the four names of the species–etrog, aravah, lulav, hadas–add to equal 1024, which equals 32 squared. 32 = “lev,” “heart.” Thus, altogether, they express the perfect heart (a square number reflects the perfected state of its root). Remarkably, the three words for backbone (shidrah), eye (ayin), and lip (safah) also add to equal 1024, the perfected heart. Together with the fourth word, heart itself (lev), all four limbs (“all my bones”) equal 1056, the “diamond”-form of 32, the double “triangle” of 32!

    Let us end in prayer: “Purify our hearts to serve You in truth,” that we merit to the great joy of the festival of Sukkot with the revelation of Moshiach (whose name permutes to spell “He shall be joyful” and “He shall make joyful”) and the complete redemption of Israel and the entire world (“my entire being”), Amen.

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