Columnistas Invitad@s | ¿Cómo se Originó nuestro Mundo? – Parte 1

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Shalom querid@ lector@ de OrEinSof.com,

No es la primera vez que alguien de nuestro equipo de colaboradores nos obsequia con un artículo propio, interesante e inspirador. Ya conocéis a Josefina Navarro y a Jaume Folch, de artículos anteriores. A ambos les agradecemos su aporte y, para quienes nos han preguntado por ellos, os informamos que más adelante podremos contar con más publicaciones exclusivas para vosotros. Ahora mismo, les dejamos concentrarse en sus compromisos profesionales y les deseamos el mayor de los éxitos.

Nuestros lectores crecen en número y aumenta el tiempo que nos dedican para leernos… ¡gracias!. Al igual aumentan nuestros amigos colaboradores. Y así pues, hoy tenemos una participación especial en nuestro blog.

Nos complace presentaros a Patricia Bogdanov, quien es doctora en Ciencias Químicas, especializada en Bioquímica y Microbiología.

Patricia es una persona conocida y apreciada en Barcelona, por su calidad humana, compromiso y disposición. Nos acompañará de ahora en adelante, en una serie de publicaciones que seguro os va a gustar.

Patricia ha escrito no sólo tesis y documentos o artículos profesionales, sino también muchos artículos relacionados con Toráh y Ciencia: motivo por el que está con nosotros en OrEinSof.com.

Será mejor que os dejemos directamente con su interesante primer capítulo… en el que podréis ver qué tienen que ver Aristóteles, Maimónides y Najmánides con «En el principio creó D~os el cielo y la tierra».

Ya sabéis que vuestros comentarios, dudas o consultas a la autora o al equipo, son siempre bienvenidos.

bShalom,

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¿Cómo se Originó nuestro Mundo? – Parte 1

En Rosh haShanáh se marca el aniversario de la Creación del Mundo, y cada año vuelve a nosotros la pregunta de ¿cómo fue el comienzo de nuestro Universo?

Una encuesta realizada entre científicos americanos en el año 1959 demostró que las 2/3 partes de los investigadores creían que el universo no tenía un comienzo. Sostenían que el mundo es eterno, coincidente con la filosofía aristotélica.

De acuerdo a este concepto, si el universo es eterno, no tiene comienzo y parece que no necesita un autor, se basta a sí mismo, es autosuficiente.

Aristóteles describió un “mundo estable, eterno y finito donde los planetas y estrellas que él veía se desplazaban en órbitas matemáticamente previsibles, de manera constante, por siempre idéntico en el tiempo”. Un universo eterno e inmutable es incompatible con la existencia de D~os.

Esta antigua concepción humana  del cosmos permitió en la Edad Media al Rambam –Moshé ben Maimón– como astrónomo, filósofo y sabio talmudista desafiar a este concepto con argumentos de fe, defendiendo que el mundo había tenido un principio.

A principios del siglo XX de la era común, todavía la ciencia seguía afirmando que el mundo era finito y eterno, que no existió un Bereshit.  Analicemos el tema desde un carácter científicamente posible: con evidencias, datos e hipótesis.

En 1925, Edwin Hubble descubrió una galaxia llamada Andrómeda, concibiendo un sistema de medición de la luz que llega de las galaxias más lejanas, denominado “efecto doppler“. Él calculó la velocidad con que esa galaxia se estaba “alejando” de un punto de referencia establecido, a una velocidad astronómica y la comparó con otra que se alejaba más rápidamente, señalando una imagen del universo hasta ahora desconocida.

En el año 1946, el famoso científico George Gamow, elaboró la teoría del Big Bang (Gran Explosión primordial). Para que las galaxias se desplacen es preciso que hayan tenido un punto de partida. Podemos suponer que al principio toda la masa del universo estaba condensada en un núcleo imperceptible; mucho más pequeño que una cabeza de alfiler, como si fuera una bola de fuego incandescente. En un momento dado, hace diez o quince mil millones de años, se produjo una ​explosión, o más bien una brusca dilatación, acompañada por una enorme liberación de energía al vacío. Esta energía se fue transformando en materia en el transcurso de la dilatación del punto físico inicial hasta formar, en esta transformación un universo en expansión continua, cuya inmensidad reta el alcance de nuestros telescopios. Actualmente este Universo sigue desplazándose por efecto de esa primigenia explosión.

Este comienzo del universo no es en absoluto contrario a la postura de la Creación.

Si analizamos la Toráh, tal como dice en Bereshit 1:1… «En el principio creó D~os el cielo y la tierra».

Estas palabras implican:

1) Que hay un principio, un comienzo temporal del universo.
2) Que el universo tiene un Autor que no es temporal, sino absolutamente trascendente.

Dentro del mundo científico, se plantean dos modelos del universo. Los físicos inmovilistas, los cuales reconocen la eternidad del cosmos, planteando un modelo anti-creacionista, muy difundido y aceptado hasta que se impone entre los cosmólogos la teoría del Big Bang como origen del universo, instante en que tuvieron comienzo el espacio, el tiempo y la materia, dicho de otro modo, el “momento de la creación”.

Religiones, como el hinduismo y el taoísmo plantean cosmogonías míticas coincidentes con un origen y orden del universo, pero  aquí hallamos mezcladas figuras de dioses y criaturas, mientras que en la Toráh encontramos el concepto de D~os, como único Creador.

Ya en el siglo XIII de la erca común, el rabí Moshéh ben Najmán (Ramban, o más conocido como Najmánides), principal autor de literatura talmúdica de la Edad Media, cabalista, filósofo e escritor (1195-1270), con un adelanto de más de siete siglos presentó ideas que anticipaban de un modo sorprendente la futura Teoría de la Gran Explosión o Big Bang. En su Comentario sobre la Torá, escribe:

Continuará